Conversando con un niño.
-Cuando me llevaras a mi?
-aun falta….
-mucho tiempo?
-No, no es tiempo lo que falta
-entonces que es?
-que hagas lo que te corresponde…
-a que te refieres?
-no puedo mostrarte lo que hay del otro lado de la colina sino hasta que la hayamos pasado.
-no entiendo
-no tienes que entender
- y si no hago eso que me corresponde, entonces no me llevaras?
-si no lo fueras a hacer, entonces no hay razón para que te sigas alegrando de estar aquí,
-aquel otro lugar, es mejor que este?
-depende
-de que?
-Del fruto de las semillas que se te ha encomendado sembrar aquí…
-semillas?, nadie me dio semillas para hacer sembrar, sigo sin entender.
-las debes encontrar por ti mismo, para eso debes aprender a ver, a sentir, a oír,
- ya se ver, sentir y oír, entonces todo lo que tengo que hacer es plantar semillas?
-lo que debes hacer es ver tras la luz, escuchar en el silencio, y sentir mas allá de tus manos.
…
-y que hay de mi abuelo? …esta bien?
- solo el lo sabe
-porque se puso viejo?
-porque el viejo puede encontrar tiempo para contemplar, la resignación para aceptar, la experiencia para entender, y la humildad para ver.
- pero porque hay entonces otros que se van antes?
-algunos recorren el camino mas rápido, no te entristezcas por ellos, hay quienes tienen un recorrido mas corto porque lograron vivirlo con mas intensidad.
-porque mi madre llora?
-porque fue echa para estar junto a su padre, al igual que tu junto a ella, su separación es como la amputación sin anestesia de una parte de su espíritu, llora porque aun no puede comprender que esa separación no es eterna, en el fondo lo sabe, pero no lo entiende.
-se lo puedes explicar para que deje de llorar?
-con el tiempo lo entenderá, su necesidad de el delata la naturaleza de la unidad entre los hombres, se puede separar pero terminara por unirse de nuevo.
…
-porque te temen tanto? No pareces tan malo…
-porque no me conocen, no me pueden aceptar porque si bien saben que algún día los tendré que llevar a ellos tambien, prefieren ignorarme y olvidarme viviendo una vida de distracciones, pero no me tienen tanto miedo a mi como a la responsabilidad que el camino les demanda.
- mi mama dice que cuando me toman una prueba el miedo que le tengo es por lo poco que estudié.
-Como dices, el miedo no es a la vida o a mi, es al examen final que ella demanda.
-hablas raro…
-algún día lo entenderás.
-fue lindo haberte conocido, te podré volver a ver?
-cuando nos volvamos a cruzar no será en las mismas condiciones, deberás estar preparado para venir conmigo, y dispuesto a dejar todo, solo así no me temerás.
-nunca te temeré.
-Aun puedes decir eso porque todavía no hay cadenas que te aten a la tierra.
-cadenas?
-aun eres niño y los grilletes son mas grandes que tus manos, a medida que crezcas comprenderás lo difícil que será quitártelos.
-mi madre me llama.
-pues nos veremos, cuando toque tu turno
.chau…. gracias!
El pequeño se paró de un salto y se alejó de aquel extraño sujeto junto a quien conversaba, respondiendo a las señales que la madre hacia con su brazo para acercarlo a ella, con la energía propia de un niño de su edad se acerco corriendo esquivando las lápidas que se interponían en el camino, con un estado de ánimo que parecía inapropiado frente a aquella situación, al llegar cerca de su madre esta la fundió en un fuerte abrazo, sus lagrimas no cesaron de brotar en lo que duró el entierro de su padre, ya la gente había desaparecido en su mayoría y quedaban algunos pocos familiares, el chico miró hacia la pequeña loma donde aun se encontraba aquel extraño y le dirigió un último saludo con la mano, el hombre, cubierto de una capa negra, hizo un ademán con su cabeza respondiendo al saludo, una larga cabellera tricolor que variaba entre blanco, el gris y algún rezago de pelo negro, cubría ,enmarañada, parte de su cara, unos ojos azules profundos emanaban un cierto aire místico, tenía una mirada que nadie podría descifrar, su rostro estaba carcomido por el paso del tiempo, las arrugas se lo cubrían por completo brindándole un aspecto de cansancio, de seriedad, y algún atisbo de compasión.
-A quien saludas? Preguntó la madre
El niño mirándola a los ojos le dirigió una inocente sonrisa por unos segundos, la madre dirigió la mirada hacia donde se encontraba el sujeto buscando ver el destinatario del saludo de su hijo, recorrió aquella loma con la vista un par de veces, pero se rindió ante la búsqueda con una mueca de incomprensión, pues no lo veía.
F.V.
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