Caminando entre multitudes de
personas, me di cuenta que estaba solo. Y no era el único, divisé las miradas
fantasmales que cargaban suplicantes el peso de su encierro, y los gritos de agonía
de moribundas voces que rogaban refugio
en algún oído, escuché el repiqueteo de miles de pasos que pasaban a mi
alrededor, sin estar allí, y la constante búsqueda de esquizofrénicas
soluciones para una enfermedad que se escabullía entre los tumultos.
Entonces me asusté y corrí a buscar
compañía, observé ojos que miraban y oídos
que escuchaban, que las risas eran gratis
y se daban en abundancia, supe que
allí reinaban las palabras, pero presté
mas atención, entonces vi que emergían de un cuerpo paralítico, escuché un eco
resonar, eran mis palabras pródigas
volviendo a mi encuentro por no haber encontrado asilo en un interior frío y
hueco. Y me sentí solo otra vez.
Traté de cautivar, de meterme dentro
de aquellos recipientes oscuros y de un gélido vacío tratando de hacer prender mis palabras, y lo logré, me pareció haber escapado de la
soledad. Por un tiempo viví así y creí que había rellenado la pequeña grieta
que había hallado dentro de mi, pero al mirar nuevamente allí no encontré solo
una pequeña rasgadura, sino sentí que había sido robado, y observé la aridez
hueca de un interior frío que había visto en otros lugares, nada mío quedaba, pronto sentí que mis palabras ya no eran mías
y en aquellos ojos ajenos no se reflejaba mi figura, y entendí que yo ya no era
yo, pues había logrado huir de mi, mi cuerpo se convulsionó y un grito
moribundo de agonía salió en busca de refugio en un oído que no encontró.
Triste y deprimido me aleje a la
soledad, el silencio me empezó a aturdir, no paso mucho tiempo cuando, estrepitosamente,
miles de pensamientos surcaron mi mente haciéndome entrar en estado de pánico: cruentamente
se me mostraba una realidad mas real de la que alguna vez había visto, y de la
que no podía salir, quería gritar, correr, llorar, durante mucho tiempo me sentí
ahogado en aquella región escondida a las miradas ajenas, cuyas praderas me
miraban extrañamente, como un animal exótico, de otras regiones, y así me sentía,
envuelto en mi autocompasión solo podía abrigarme en la compañía de los
recuerdos y mantenerme ajeno a esas tierras. Caminaba por la máxima expresión de la libertad, pero me sentía encerrado, empezaba a asfixiarme, entonces entendí
que tenia que salir, dirigirme hacia aquella claridad tenue que apenas podía
vislumbrar. Como el niño recién nacido, que rompe en un llanto al llegar al
mundo amedrentado por la incandescente realidad que lo rodea, habiendo roto sus
ataduras, alejado de la tibia seguridad del vientre de su madre, no llora por
dolor, llora por temor, a pesar de que ahora se encuentra en un mundo mas libre,
no puede burlar la fatalidad del miedo que vigila su entrada, entonces me di
cuenta que de la misma manera, caminaba asustado, cubierto de una armadura de
miedo que me dificultaba avanzar y moverme rápidamente, hacia fuerza para
quedarme dentro, y entendí que debía
dejarme nacer, de nuevo, entonces me
quite la pesada armazón y empecé a avanzar mas ágilmente, y mientras caminaba,
alejado de toda compañía, me di cuenta que ya no estaba solo, de repente me
volví a encontrar, allí estaba, parado,
esperando paciente a querer verme de nuevo, entonces recordé a ciertas
personas y escuche sus lejanos clamores
que gritaban mi nombre , venían en mi búsqueda, y me encontré lleno de nuevo.
Así comprendí que no es estando solo que se sufre la soledad ni es en las
multitudes donde se encuentra compañía.
F.V.

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